Foto por: El Nuevo siglo
El crecimiento de las motocicletas en Colombia vuelve a poner sobre la mesa una conversación que va más allá de las cifras: seguridad, hábitos y responsabilidad en la vía.
Las motocicletas ocupan un lugar cada vez más importante en la movilidad colombiana. Son utilizadas para trabajar, estudiar, desplazarse entre municipios y, para muchos, también representan una de las principales herramientas para generar ingresos. Sin embargo, el crecimiento del parque automotor de dos ruedas también plantea una pregunta que va más allá de cuántas motos circulan por las calles: ¿estamos construyendo una cultura vial capaz de acompañar ese crecimiento?
Las cifras recientes vuelven a poner el tema sobre la mesa. De acuerdo con información del Observatorio Nacional de Seguridad Vial citada en un análisis publicado en septiembre de 2026, los motociclistas representan cerca de dos de cada tres personas fallecidas en siniestros viales registrados en Colombia durante este año.
El dato no debería servir para señalar a quienes utilizan una motocicleta, sino para entender que la seguridad vial requiere una conversación mucho más amplia.
En la práctica, buena parte del riesgo cotidiano puede aparecer en situaciones que terminan convirtiéndose en costumbre: exceder la velocidad porque la vía parece despejada, adelantar con poco espacio, conducir cansado, confiarse porque se conoce una ruta, utilizar el teléfono mientras se conduce o pensar que un trayecto corto no requiere las mismas precauciones que uno largo.
También existen factores que no dependen exclusivamente del motociclista. El comportamiento de otros conductores, las condiciones de las vías, la señalización, la iluminación y la convivencia entre diferentes actores hacen parte de un mismo sistema en el que una decisión puede afectar a más de una persona.
Por eso, hablar de seguridad para motociclistas no debería reducirse al uso del casco o a las campañas que aparecen después de un siniestro. También implica revisar cómo estamos tomando decisiones antes de encender la moto.
La velocidad, por ejemplo, suele asociarse con experiencia o habilidad, cuando en realidad conducir bien también significa saber cuándo reducirla. Lo mismo ocurre con el cansancio: una motocicleta puede encontrarse en perfectas condiciones, pero eso no significa que quien la conduce esté en las mejores condiciones para hacerlo.
Y hay otra parte de la conversación que pocas veces ocupa el centro: la responsabilidad compartida. Motociclistas, conductores de automóviles, vehículos de carga, transporte público, ciclistas y peatones hacen parte de las mismas vías. La seguridad no puede construirse desde la idea de que un solo actor es responsable de todo lo que ocurre.
El crecimiento de las motocicletas plantea entonces un desafío que va más allá de las estadísticas. Si cada vez son más las personas que dependen de una moto para movilizarse, trabajar o estudiar, también resulta necesario preguntarse qué tan preparados estamos para convivir en calles y carreteras donde las dos ruedas tienen cada vez mayor presencia.
Porque detrás de cada motocicleta no hay solamente un vehículo.
Hay una persona que tiene un destino, una rutina y alguien que espera su regreso.
La seguridad vial no empieza cuando ocurre un accidente. Empieza mucho antes: en la decisión de cómo vamos a conducir hoy.
Fuente por: UMCentral

Título: Mundo Motero News.
Numeración de edición: Primera V.1.0
Mes-Año: 05-2022
País: Colombia.
Formato: Recurso Electrónico en Línea.
Periodicidad: Diaria
Editor de la Publicación: Grupo Impricol SAS.
ISSN : 2805-9700
Fecha y Hora :
