La lluvia cambia las condiciones de la vía y exige modificar la manera de conducir una motocicleta. Menor agarre, mayor distancia de frenado y dificultades de visibilidad son algunos de los factores que pueden aumentar el riesgo de un siniestro si el motociclista mantiene el mismo ritmo y las mismas maniobras que utiliza sobre pavimento seco.
Cuando comienza a llover, la relación entre las llantas y el asfalto cambia. El agua reduce la fricción disponible y hace que la motocicleta tenga menos capacidad de agarre, especialmente durante frenadas, curvas o maniobras repentinas. Según información citada por Semana, la distancia de frenado puede aumentar entre un 20 % y un 40 %, dependiendo del estado de las llantas y de las condiciones de la superficie.
Por eso, conducir bajo la lluvia no consiste únicamente en disminuir la velocidad. El motociclista debe modificar su técnica de conducción y anticiparse a situaciones que, sobre una vía seca, podrían resolverse con mayor facilidad.
Frenar progresivamente puede marcar la diferencia
Una de las principales recomendaciones es evitar las frenadas bruscas. Sobre pavimento mojado, una presión repentina sobre los frenos puede provocar que una rueda pierda adherencia y se deslice.
La recomendación es realizar una frenada progresiva, comenzando con una presión suave y aumentándola de manera controlada. Esto permite que la motocicleta transfiera el peso hacia la parte delantera de forma gradual y ayuda a conservar mayor estabilidad.
También es importante utilizar correctamente ambos frenos de acuerdo con las características de la motocicleta y la situación de conducción, evitando acciones bruscas que puedan comprometer el control.
Más distancia y menos velocidad
Otro cambio fundamental durante la lluvia está relacionado con la distancia frente a los demás vehículos.
Si el pavimento está mojado, detener la motocicleta puede requerir más espacio. Mantener una mayor distancia permite contar con segundos adicionales para reaccionar ante una frenada, un obstáculo o un cambio inesperado en el tráfico.
La velocidad también debe adaptarse a las condiciones de la vía. No es recomendable entrar a una curva mojada con el mismo ritmo utilizado sobre asfalto seco. Reducir la velocidad antes de llegar a la curva y evitar movimientos repentinos ayuda a conservar el control.
El visor también puede convertirse en un problema
La lluvia no solo afecta el comportamiento de las llantas. La visibilidad del motociclista también puede disminuir considerablemente.
Las gotas acumuladas en el visor y el empañamiento del interior dificultan identificar vehículos, obstáculos, señales y cambios en la superficie de la vía. Por eso, contar con un visor con tratamiento antiempañante puede resultar útil durante los recorridos bajo lluvia.
Mantener las luces de la motocicleta encendidas también contribuye a que otros actores viales puedan identificarla con mayor facilidad en condiciones de baja visibilidad.
Cuidado con charcos y superficies cambiantes
Una vía mojada no necesariamente presenta las mismas condiciones en todo su recorrido. Charcos, pintura vial, tapas metálicas, rejillas y otras superficies pueden ofrecer un nivel de adherencia diferente al del asfalto.
Por eso, cuando llueve, es importante observar con anticipación el estado del camino y evitar maniobras repentinas para esquivar obstáculos. La conducción debe ser más suave y anticipada.
También es recomendable evitar atravesar zonas inundadas cuando no sea posible determinar su profundidad o las condiciones del terreno. El agua puede ocultar huecos, desniveles u otros obstáculos que representan un riesgo para la motocicleta y su conductor.
Las llantas son protagonistas
La lluvia también pone a prueba directamente el estado de los neumáticos. Unas llantas desgastadas tienen menos capacidad para evacuar el agua y pueden comprometer el agarre sobre superficies mojadas.
Antes de salir, es importante revisar su estado general, el nivel de desgaste y la presión recomendada por el fabricante. Esta revisión adquiere todavía más importancia cuando se van a realizar recorridos largos o por carretera.
El mantenimiento preventivo no elimina los riesgos asociados a la lluvia, pero permite que la motocicleta enfrente estas condiciones con sus principales componentes en mejores condiciones.
Si la lluvia empeora, parar también es una opción
Hay situaciones en las que la mejor decisión no es continuar.
Cuando la intensidad de la lluvia reduce considerablemente la visibilidad, existen encharcamientos importantes o la vía deja de ofrecer condiciones adecuadas para circular, buscar un lugar seguro para detenerse puede ser una decisión responsable.
La lluvia no debe convertirse en una prueba de habilidad. Para el motociclista, llegar seguro siempre será más importante que mantener el tiempo previsto del recorrido.
Rodar bajo lluvia exige otra técnica
La motocicleta responde de manera diferente cuando el pavimento está mojado. Frenar antes, acelerar de manera progresiva, reducir la velocidad, aumentar la distancia, anticipar las curvas y mantener una buena visibilidad son acciones que pueden ayudar a enfrentar mejor estas condiciones.
Más que aprender a «vencer» la lluvia, el objetivo es reconocer sus riesgos y adaptar la conducción. En carretera o ciudad, una decisión tomada con anticipación puede ser la diferencia entre continuar el recorrido o terminar en el piso.
Fuente por: Revista Semana

Título: Mundo Motero News.
Numeración de edición: Primera V.1.0
Mes-Año: 05-2022
País: Colombia.
Formato: Recurso Electrónico en Línea.
Periodicidad: Diaria
Editor de la Publicación: Grupo Impricol SAS.
ISSN : 2805-9700
Fecha y Hora :
